Los chicos ya están viajando rumbo a Barcelona y, mientras tanto, les cuento "nuestro" fin de semana: las interminables caminatas de a cuatro, el calor insoportable, el sufrimiento "argentino" y, ante todo, la felicidad de estar en
familia.
La llegada
Aunque con casi una hora de retraso (a las 12.00 de la noche), los chicos llegaron bien y contentos, como pueden verlos acá en la foto. Ágatha nos había aclarado que a esa hora teníamos que est

ar en el mar, saltando las siete olas y pidiendo los siete deseos de la noche de San Juan, pero en vez de eso, nos dedicamos a caminar una hora hasta la casa, con parada en Mc Donalds - para ir al baño: "I'm lovin' it" - porque los metros y autobuses no pasaban en toda la noche. Cuando llegamos - como ya imaginarán tan avezados lectores - estábamos destruidos (además de hambrientos), así que armamos una picadita y nos pusimos a comer y a charlar, cuestiones en las que somos verdaderos profesionales. Después de comer nos miramos las caras y dijimos: "¿Vamos a la playa a las fogatas de San Juan?" y esa pregunta generó polémica. Aarón y yo no le aflojábamos a la celebración a pesar de todo, pero Diego y la Mana estaban "más pa' el arpa que para la guitarra" así que tomamos una decisión conjunta: ¡festejar San Juan el año que viene! ;)
Nos quedamos charlando un rato más y después... todos al sobre.
Salgo a caminar... por la cintura cósmica del sur (de España) Sí, muchachos, caminamos todo el día (y mis rectos femorales pueden dar buena cuenta de ello... ¡No puedo caminar de lo que me duelen!), pero el paseo valió la pena por la compañía. A la mañana salimos para el centro histórico, donde recorrimos algunos lugares tradicionales de Valencia, pero en todos nos esperaba una sorpresa: cuando caímos a la Catedral (yo en short, como siempre), el obispo estaba ordenando nuevos sacerdotes, cuando entramos a la Iglesia de la Virgen de los Desamparados, lo hicimos justo para un casorio donde, mediante observación y análisis de casos, pudimos arribar a conclusiones como:
- la gente acá se casa grande
- están de moda las camisas naranjas
Salimos a la plaza de laVirgen, que casi siempre es un lugar muy lindo, y nos encontramos con una estructura onda pelotero gigante (cuyo fin era concientizar a la gente acerca del problema de la apnea) que estropeaba todo el paisaje. Después nos metimos por la calle de los Caballeros para ir hacia las Torres de Quart y nos topamos con una manifestación contra la visita del papa a Valencia, en la que Aarón aprovechó para buscar calcos que repartían con el lema: "Jo no t' espere" ("Yo no te espero" en valenciano) . Cuando por fin llegamos a las torres - pese al calor extremo , al cansancio y a las perdidas que nos pegamos en el medio - ... ¡Sorpresa: estaban en reconstrucción!¡NOooooooooo! Pero bueno, le pusimos el pecho y decidimos aventurarnos hacia las Torres de los Serranos que gracias a Dios no estaban en reconstrucción y pudimos conocer a fondo, porque recorrimos todos los recovecos habidos y por haber, y subimos hasta el último escalón posible.

No sé cómo llegamos hasta la casa pero lo importante es que el ascensor funcionaba y no tuvimos que subir caminando los siete pisos. Cuando abrimos la puerta, nos esperaba la denominada - por Diego -"familia Benvenuto": Dario (va sin acento porque es italiano) y todos sus familiares de Potenza (incluidos tíos y primos además de padres y hermanos). Comimos en casa una ensalada de pasta con verduras y con un postre envidiable (sí, envidien...): ¡crostata de coco hecha por Mana! Una verdadera delicia...
Después llamamos a las respectivas flias, nos fuimos a la playa (Mana debutó con nosotros en el Mediterráneo, como corresponde) y de ahí volvimos y nos bañamos rápido para ir a lo de Oscar y Bea, donde vimos el "masoquista" partido Argentina - México, qu

e nos dejó a todos sin voz. Para el colmo abajo del piso de los chicos había una verbena de San Juan ( = juntada de los grupos de falla con joda incluida), así que tenían la música a todo lo que daba, lo cual contribuía a nuestra desesperación. Después, para festejar, salimos a pasear por la Valencia nocturna y nos quedamos charlando por ahí.
Resultado de la jornada: esta mañana no podíamos levantarnos. Así y todo, nos fuimos hasta la Ciudad de las Artes y Ciencias (el nuevo ícono valenciano) y después a pasear (por no decir: a disfrutar del aire acondicionado) en el Shopping El Saler ¡35º!
A la tarde, después de asarnos un rato en el piso, decidimos bajar a una plaza e hicimos un mini picnic: tereré con galletitas. Después, corrida de por medio, llegamos a la estación y nos despedimos felices por lo vivido, aunque creo que Diego descubrió un poco húmeda mi mirada.